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LA ESTRICTA ABUELA ISABEL. DISCIPLINA. PARTE III
Escrito por sumisso

CAPITULO III: EL DELINCUENTE SIGUE ESTANDO AHÍ.

Llevábamos tres semanas hospedados mi madre y yo en la casa de la abuela Isabel. Empezaba a conocer de verdad a la abuela Isabel, sobre todo su temperamento y el amor que profesaba por la disciplina. Esta vez me había equivocado por completo, fui a faltar al respecto y burlarme de la persona que no debía. Subestime a aquella mujer mayor y ahora estaba pagando mi error como me merecía.

Los cambios de humor de la abuela Isabel eran constantes. En el tiempo que había transcurrido aprendí a reconocer su estado de ánimo. Había días que estaba alegre y se la podía escuchar por la casa como cantaba alguna canción con ritmo mientras con sus guantes rosas de goma enfundados limpiaba la casa. Otros días era todo lo contrario, estaba mal humorada y mejor era estar callado y no desobedecerla o caería sobre ti toda la furia de los dioses.

Cumplía con mi rutina cada día. La abuela Isabel me había delegado multitud de tareas domésticas que debía cumplir con sumo cuidado ya que luego ella supervisaría mi trabajo. Si estaba de buen humor no era tan estricta y podía pasar las pequeñas faltas, pero si estaba de mal humor no toleraba el mínimo desliz. Si no realizaba las tareas como me había ordenado, podía pasar horas castigado en un rincón de rodillas mirando a la pared. Aquel día era uno de esos días que estaba del mal humor. La abuela Isabel cubierta por su delantal que acostumbraba a llevar, sus guantes rosas, unas medias negras y unas sandalias de tiras, me acompañó hasta el rincón donde me hizo arrodillarme. Ahí me quedé durante horas de rodillas mirando a la pared y cada cierto tiempo escuchaba los pasos de la abuela Isabel tras de mi comprobando que no me levantaba del rincón.

- Aquí te vas a quedar hasta que a mí me plazca, ni se te ocurra moverte o te lo tendré que explicar con la correa - . Afortunadamente para mi culo, no había vuelto a agarrar su correa desde nuestro primer encuentro. Ya tenía el culo nuevamente normal, el dolor que sentía al sentarme o al dormir había desaparecido. Estuve dos semanas con el culo dolorido y magullado.

Tras terminar mis tareas diarias, tocaba la comida y la cena. Tal como prometió la abuela Isabel me preparaba día tras día una gran ración de papilla. Obedientemente tragaba de la cuchara que agarraba con su mano enguantada. Aquel día era de los que estaba de mal humor y me hacía tragar dos platos de papilla y posteriormente darla las gracias. No dejaba ni una sola gota en el plato, si se caía algo o se escurría por mi barbilla ella agarraba entre sus guantes la masa de papilla y la introducía en mi boca con su guante. Intentaba no tirar nada porque el sabor y el olor de sus guantes eran mucho peor que la papilla.

Aquel día volvió a llamarme la señora Isabel desde el baño. Era conocedor que tocaba mi enema. Había días que no recibía enema y otros como este sí. Aquel día era de los que estaba de mal humor la abuela, conocía que el enema iba a ser duro. Entre al baño, cerré la puerta y observé como estaba ya preparando la bolsa y el tubo de goma grueso que lo unía. Me quedé desnudo a excepción de mis pañales. El castigo de llevar pañales era a diario, cada noche me los cambiaba si me había comportado bien ese día, sino debería llevarlos sucios más tiempo. Comprobó que el nudo estaba tal como ella lo hacía, asegurándose que no me había quitado los pañales por mi cuenta.

- Eres un cerdo…. Siempre llevas tus pañales mojados…. – Me recriminó burlándose de mí. Se bajó sus bragas como de costumbre para amordazarme y recibir el enema, sabía perfectamente que iban a parar a mi boca para que estuviese callado. Había días que estaban más limpias sus bragas y otras muy sucias. Aquel día estaban realmente sucias con tonos amarillos y marrones de su culo. A la abuela Isabel no la importaba, me amordazaba con ellas, si sabían mal era problema mío. Introdujo la goma dentro de mi culo sin piedad, a veces lo hacía más suave y días como hoy la introducía sin compasión propinándome un gran dolor.

Esta era mi rutina diaria. Me gustaba mi nueva vida, me había acostumbrado a ella y mi comportamiento era completamente diferente. Incluso empecé a visitar a mi madre en su habitación y teníamos largas conversaciones, ahora ya no discutíamos. El cambio que había producido la abuela en mi era notable.

Aunque he de decir que echaba algo de menos. Echaba de menos a mis amigos y aquellas noches locas. Echaba de menos a mi mejor amigo, el cual su apodo era “el loco “. Este amigo era mucho peor que yo, sus ideas eran completamente locas y siempre acabamos en problemas. Hablaba con el por mi teléfono móvil a escondidas cuando mi abuela me dejaba un respiro. Empezó a insistir que debía volver a la ciudad para celebrar su cumpleaños que era en unos días. Iríamos todos los amigos a una fiesta en una discoteca muy conocida. Decidí que debía de acudir a aquella fiesta, echaba de menos a mis amistades.

Conocía la forma perfecta de salir de la casa sin ser visto. Saldría por la noche por la ventana, había una tubería pegada a la planta de arriba de la vivienda por la cual podría deslizarme y luego volver a subir sin ser visto. Fingí estar enfermo y solicité permiso a la abuela para irme pronto a la cama. Mi abuela accedió, era muy estricta pero no una tirana. Me deslicé por la tubería y sabía que no me verían. Mi madre dormía profundamente por la medicación que le había recetado el doctor y la abuela Isabel roncaba estrepitosamente .Su corpulento cuerpo la dotaba de unos pulmones y unos ronquidos que se escuchaban desde la planta de arriba.


Mi plan era perfecto. Ir con mis amigos a la discoteca, divertirme y volver antes del amanecer. Todo hubiese salido a la perfección si hubiese usado la cabeza y me hubiese moderado. El reencuentro con “el loco “fue genial. Bebimos y fumamos como no lo habíamos hecho antes. El problema llegó cuando me fijé en una mujer de mi edad y todo acabó fatal. Todo terminó en una pelea con los amigos de la chica. Falté al respeto a la chica, estaba deseando tener sexo con ella ya que llevaba dos semanas en clausura. La dije palabras inapropiadas y todo terminó en una pelea multitudinaria en la discoteca. El resultado fue que fui detenido por las autoridades.

A media noche llamaron a la abuela Isabel. Al yo ser mayor de edad alguien debía de pagar la fianza para que pudiese salir, si no la pagan allí permanecería. Nunca olvidaré a la abuela Isabel entrando de madrugada en la comisaría. Vestida de negro con sus guantes de piel negros y un rostro terriblemente enojado, escupía relámpagos por sus ojos al mirarme fijamente.

Regresamos en su coche de camino a casa. Si, la abuela todavía conducía, como os indique no era una anciana, era mayor pero no una anciana indefensa. Intenté disculparme por mi comportamiento tras un largo silencio en el interior del coche. Solo obtuve unas palabras:


- No quiero escuchar una sola palabra más…. He sido demasiado permisiva contigo… a partir de mañana te enseñaré modales de verdad. – Cerré la boca y no hablamos nada durante el camino de regreso a casa. Ahora si estaba asustado, iba a descubrir de verdad lo estricta y cruel que podría llegar a ser la abuela Isabel.


Mi madre no se enteró de nada. Mi abuela no la contó nada de lo sucedido para no empeorar su salud, ya que mejoraba cada día más y más. Prefirió ahorrarla el disgusto. A la mañana siguiente me dispuse a hacer mis tareas como de costumbre. Estaba realizando las tareas domésticas de mi habitación cuando me llamó la abuela Isabel desde la otra estancia de la vivienda. Acudí de inmediato, estaba esperándome en otra habitación Era la habitación de la abuela Isabel, su verdadera habitación. Ahora dormía en la planta de abajo para estar cerca de mi madre, pero su habitación verdadera estaba en la planta de arriba cercana a la mía.

Entre en la habitación y la abuela Isabel me estaba esperando con sus guantes de goma enfundados y con diversos objetos situados sobre la cama. Observé la cama y estaban sus esposas, la cinta americana gris, un collar grueso de animal, cuerdas, su correa de piel y algunos objetos variados.


- Desnúdate y ponte bocabajo sobre la cama - . Había llegado la hora de mi castigo. Obedecí al instante, no pretendía hacer enfadar aún más a la abuela Isabel, ya estaba terriblemente enojada, nunca antes la había visto así. Agarró las esposas de metal y ancló mis manos a la espalda como hizo en mi primer castigo. Cerró con fuerza las esposas a mis muñecas.

- Ayyyy ayyyy – me quejé por la dureza del metal apretado.

- Ohh, quéjate ahora que puedes….. te voy a amordazar de tal forma que no podres emitir sonido alguno. He dicho a tu madre que debido a tu buen comportamiento te he dejado ir a la ciudad con tus amigos. Me has hecho mentirla, la he dicho que estarás fuera todo el día. La verdad es que vas a estar atado a esta cama y amordazado recibiendo correazos a lo largo del día. Te advertí que si desobedecías sería peor y aumentaría el número de correazos. Así será … 150 correazos en tandas de 25 a lo largo del día. Te prometo que voy a ser muy dura contigo, tal como te mereces - . Quedé atemorizado sin palabras mientras la abuela Isabel continuaba atándome los pies. Quedé atado de pies y esposado de manos. Agarró el collar de perro grueso y lo colocó en mi cuello ajustándolo a uno de los barrotes delanteros de la cama. Lo cerró con una hebilla de tal forma que dejaba mi rostro sin poder moverlo sujeto al cabecero de la cama. Quedé completamente inmovilizado sobre la cama sin poder moverme un milímetro.

La abuela Isabel deslizó sus bragas por debajo de su delantal y descubrí como esta vez estaban más sucias que nunca. Desprendían un fuerte hedor y estaban manchadas. Tapó mi nariz con su dedo de goma y al abrir la boca introdujo sus bragas hasta el fondo de mi boca .Agarró un rollo de vendas blancas y comenzó a taparme la boca con las vendas alrededor de mi cara y boca. Dio varias vueltas con las ventas para posteriormente agarrar la cinta americana de color gris. Esta vez me amordazó de tal manera que no podía emitir el más leve sonido de mi boca. La presión que ejercían las vendas y la cinta era fuerte sobre mi boca.


- Me he asegurado que tu mamaíta no sepa que estas aquí y no vas a poder emitir palabra alguna. Ahora puedo azotarte con la dureza que te mereces que no te va a escuchar. Esta vez vas a llorar mucho….. te quedaras sin lágrimas pero a mí me va a dar igual - . Mi temor aumentó aún por sus palabras mientras la abuela Isabel agarró su correa gruesa marrón de piel. Esta vez apenas podía mirar sus movimientos, el collar de perro no me permitía ladear el rostro y apenas podía observarla por el rabillo del ojo.

- La última vez solo fueron caricias, ahora te voy a romper el culo de verdad… - .Me indicó mientras escuchaba el silbido de su correa cortando el aire.


ZAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAASSSSSSSSSS


- Uno - La abuela Isabel comenzó a andar de un lado a otro de la habitación. No tenía prisa, esta vez iba a ser una azotaina tremendamente larga, tenía todo el día para ello .Escuchaba como estrellaba levemente la correa contra su mano enguantada produciendo un chasquido.

- Te he acogido en mi casa, te he enseñado modales y tú…. Me tenías engañada .Fingías que había cambiado tu comportamiento… pero solo me engañabas. Pero ahora va a ser diferente. - . Me recriminó y posteriormente:

ZAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAASSSSSSSSSSS


- Dos – volvió a pasear por la habitación mientras continuaba recriminando mi comportamiento una y otra vez.

Tras una larga media hora me propinó la primera tanda de veinticinco correazos. Se marchó de la habitación y me prometió que volvería más tarde para continuar. Quedé inmovilizado y completamente amordazado degustando el terrible sabor de sus bragas en mi boca. Era como tener mi boca dentro de su culo. La espera se hizo interminable hasta que volvió a abrirse la puerta y entró de nuevo la señora Isabel.

- Siguientes 25 correazos…. Aumentaré la dureza - Me advirtió mientras agarraba de nuevo la correa marrón. Esta segunda tanda fue más dura que la anterior. Ahora empezaba a tener ya el culo magullado. Se hizo eterna la nueva azotaina, azotaba y recriminaba mi comportamiento o me indicaba como debía comportarme a partir de ahora.

Se volvió a marchar de la habitación, el día iba a ser muy largo para mi tal como me prometió .Todavía quedaban muchas tandas de correazos que recibir. ¿Alguna vez habéis estado en el infierno?, os puedo asegurar que aquello fue lo más semejante. Recibí tanda tras tanda de correazos a lo largo del día. Me sentía humillado e impotente, no podía mover un solo musculo de mi cuerpo inmovilizado sobre la cama y no podía emitir sonido alguno. Solo aceptar cada correazo en silencio mientras lloraba del dolor que producía su correa al estrellarla en mi culo.

Era por la tarde cuando terminó de volverá azotarme. Tan solo quedaban dos tandas de correazos. Al terminar de azotarme se acercó a mí la abuela Isabel:

- Ahora voy a salir a dar un paseo con tu madre a la calle, se encuentra mucho mejor y vamos a andar un poco…. Va a salir por primera vez de casa y nos sentaremos tranquilamente en la plaza del pueblo.¡¡ Tu ,asqueroso estúpido,. vas a permanecer aquí hasta mi regreso¡¡.Cuando vuelva terminaré tu castigo, las dos últimas tanda de correazos. Te dije que te quedarás sin lágrimas y siempre cumplo lo prometido, te voy a azotar muy fuerte - . La Abuela Isabel abandonó la habitación y se marchó de nuevo dejándome otra vez sobre la cama sin poder moverme ni articular palabra alguna.

Dos horas después escuché desde la planta de arriba la puerta de la entrada. Habían regresado y ambas mujeres reían. Estaba contento ya que mi madre mejoraba mucho y a la vez atemorizado porque la abuela Isabel regresaría en cualquier momento para terminar su castigo prometido. Transcurrió otra hora más hasta que la abuela Isabel regresó de nuevo a la habitación. Ayudó a mi madre con la cena y la dejó en la cama tras asegurarse se tomaba su medicación.

Fue el momento en que la abuela Isabel entró en la habitación y comenzó a ajustarse los guantes rosados de goma en sus manos. Cerró la puerta de nuevo y escuché como se quitaba la ropa. Apenas podía ladear la cabeza pero se estaba desnudando.

- Hace mucho calor esta noche – La abuela se desnudó a excepción de sus guantes de goma. Apenas podía observarla pero estaba al lado de la cama desnuda y podía apreciar su enorme cuerpo y su coño completamente peludo.

- Ahora ya estoy cómoda…. Esto va a ser largo y no tengo ninguna prisa. Aprenderás a obedecerme y respetarme… voy a comprobar si se rompe antes tu culo o la correa - . Tragué saliva del temor y:

ZAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAASSSSSSSSSSSS


Comencé a vivir una verdadera pesadilla. Cada azote era más y más doloroso. Mi culo estaba completamente magullado y sentía un gran dolor. La azotaina se hizo insoportable pero no había nada que pudiese hacer. Lloraba desconsoladamente. Recibí hasta el último correazo con dureza.


- A partir de ahora vas a obedecerme sin rechistar…. Si tengo que azotarte todos los días lo haré…. Por tu bien espero que aprendas a comportarte y obedecerme… sino aumentaré el número de correazos una y otra vez. – La abuela Isabel se sentó a mi lado en la cama, agarró una bolsa que tenía a su lado.

- ¿Quieres saber que contiene esta bolsa? - Estaba intrigado por saber que contenía aquella bolsa. La abuela me lo explicó con todo detalle.


- Mientras tu madre estaba sentada en un banco respirando aire fresco…. Entré un momento a la tienda… y ¿sabes que compré? - Mi intriga aumentaba. La abuela Isabel sacó un tubo de goma grueso.

- Sí, es para tu enema. Una goma más gruesa que la que tengo. Te aseguro que entrará dentro de tu culo, el dolor que produzca será problema tuyo…. Y ya sabes que soy muy despistada y la goma se sale una vez introducida…. Posiblemente haya que introducirla varias veces .JAJAJA – Comenzó a reírse a carcajadas mientras sujetaba la goma entre su guante.

- A partir de ahora voy a ser una pesadilla para ti…. Vas a comportarte como un hombre te lo prometo - . La abuela Isabel se vistió de nuevo y se marchó de la habitación dejándome allí.


Siguiente parte ya publicada en esta web…. Continua.

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LA ESTRICTA ABUELA ISABEL. DISCIPLINA. PARTE III es un relato escrito por sumisso publicado el 29-06-2024 21:58:31 y bajo licencia de Creative Commons.

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