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Mi Plaza Soñada XII
Escrito por Tutor

Martin entró en la habitación.

Juana, que estaba sentada en la cama, se sobresaltó…casi inmediatamente se puso de rodillas e imploró a su severo esposo que fuera benevolente, era muy consciente que se había excedido con el castigo a Lucía.

Martín la miraba con ternura desde la puerta, con un dedo le indicó que se acercara y su atemorizada esposa, de manera totalmente instintiva, comenzó a acercarse a el a cuatro patas… al joven doctor le excitó mucho la imagen, lentamente se desabrochó el pantalón y con el sonido de cada botón la excitación de Juana en su entrepierna aumentaba.

Con un leve giro de su mano la tomó por la barbilla y la obligó a levantar la mirada hacia el…su verga estaba erecta y sobresalía del pantalón…Juana, a pesar de no saber como se hacía, hubiera deseado que le pidiera meterla en la boca, sin embargo Martin le susurró

¡Date la vuelta!

Ella lo hizo lentamente

¡apoya la frente en el suelo y los codos también!

Ella obedeció rápidamente, con una mezcla de excitación y temor

De pronto sintió como su esposo se arrodillaba detrás de ella y le levantaba el vestido, dejándolo caer sobre su espalda, cuello y cabeza…

Notó como le abrió las calzas y un suave frescor recorrió sus nalgas y su entrepierna ¡estaba excitadísima!

Contra lo que pudiera pensar Martín la agarro con suavidad de las caderas y hundió su verga, grande y dura, en su coño por detrás, como si de una yegua se tratara…notaba cada centímetro del miembro expandir sus labios vaginales…Ufff resoplaba…así estuvieron durante un buen rato, ella con la cabeza apoyada en el suelo y notando como su cuerpo se balanceaba adelante y atrás con cada embestida de Martín…¡sin duda su marido era increíble! Pensaba ella…¡Dios que placer!...y así sin saber cómo el comenzó a acelerar las embestidas y ella comenzó a sentir, a sentir, como que algo estallaba dentro de ella, algo que no había experimentado nunca…gritó y gritó mientras su coño apretaba con fuerza la verga de su marido…

¡Dios había tenido un orgasmo! Así a cuatro patas como una perra…y era maravillosoooooo…

Estaba tan absorta en su placer que no había percibido que su marido se había derramado dentro de ella. Un sonoro azote acompañado la salida de su verga la devolvió a la realidad…

Mi niña, túmbate sobre la cama boca abajo, tengo que castigar tu conducta con Lucía ¿lo sabes verdad?

Si, si señor y rápidamente se tumbó sobre la cama.

Martin abrió la cómoda y sacó la correa que tan amablemente le había regalado D. Anselmo, la blandió y la golpeo repetidamente sobre la palma de su mano mientras decía en voz suave: querida te voy a aplicar 20 azotes con la correa y los contarás uno a uno y pedirás perdón por tus actos después de cada uno ¿está claro?

Si esposo mío

ZAS

Uno, gracias señor, perdóneme señor, prometo ser una buena señora de la casa

ZAS

Dos, gracias señor, perdóneme señor, prometo ser una buena señora de la casa

ZAS

Tres, gracias señor, perdóneme señor, prometo ser una buena señora de la casa

Martin iba imprimiendo mas intensidad con cada azote y las nalgas de Juana así lo percibían…pequeños gritos de dolor empezaban a escaparse de su boca amortiguados por el almohadón que estaba cubriendo su rostro.

ZAS

Cuatro, gracias señor, perdóneme señor, prometo ser una buena señora de la casa

ZAS

Ocho, gracias señor, perdóneme señor, prometo ser una buena señora de la casa

Sin prisa, pero sin pausa, Martín continuó ejecutando el castigo mientras observaba, no sin cierto placer, como las nalgas de su esposa enrojecían con cada golpe…

ZAS

Doce, gracias señor, perdóneme señor, prometo ser una buena señora de la casa

ZAS

Dieciocho, gracias señor, perdóneme señor, prometo ser una buena señora de la casa

ZAS

Diecinueve, gracias señor, perdóneme señor, prometo ser una buena señora de la casa

ZAS

Veinte, gracias señor, perdóneme señor, prometo ser una buena señora de la casa

Estos tres últimos hicieron brotar las lágrimas en el rostro de la joven y malcriada esposa…Martín se sentó en la cama y agarrándola por la barbilla le secó las lágrimas… era necesario le dijo…y lo repetiremos cada noche durante los próximos diez días, así aprenderás a valorar la importancia de una disciplina bien ejecutada…

La desdichada joven no fue capaz de mostrar oposición o queja…sabía que era su destino, y que su marido tenía la obligación de disciplinarla…

Temía el castigo…pero también ansiaba su premio…

Pasaron las semanas y la vida en la casa del médico parecía volver a la normalidad. Juana, Jacinta y Lucía se fueron acercando entre sí hasta convertirse en buenas amigas, salvando la edad y la posición social claro.

Juana se acostumbró a usar más la zapatilla que la mano con sus criadas, y raro era el día que la rígida suela de la chinela no impactaba sobre sus nalgas…eso sí cuidándose muy mucho de no excederse en el castigo…Lucía hacía lo propio con Jacinta, no en vano era la criada de más rango, y Jacinta…Jacinta sólo recibía la pobre.

Mientras Mauro se había adaptado muy bien a los trabajos de mozo de cuadra y estaba siempre muy pendiente de Martin y su esposa. En los ratos que podía se juntaba con Jacinta en la cuadra y retozaban sobre la paja, teniendo siempre mucho cuidado de que nadie los pillara.

Todas las semanas uno o varios de los cuatro (Juana, Lucía, Mauro o Jacinta) pasaban inevitablemente por el despacho o la consulta de Martín, quien veía colmadas sus ansias spanking castigando sin demora a cualquiera de ellos, unas veces era solo con la mano, otras con la pala, la fusta o incluso la vara. La disciplina imperaba en esa casa.

Carmen y Amalia se ponían de acuerdo para asistir a la “consulta semanal” siempre que no estuvieran ni sus hijos ni Juana. Eran sesiones conjuntas donde Martin alternaba la sodomización, una semana enculaba a una y a la semana siguiente le tocaba a la otra. Pero siempre, inevitablemente, ambas recibían una ración de azotes, bien con la mano o con algún instrumento. Habían llegado a tal punto que necesitaban esas tundas para excitarse y, en el caso de Carmen, le servía para aumentar la lívido de su esposo, por lo que al llegar al molino volvía a tener sexo con su marido, casi siempre puesta a cuatro patas y montada como una perra por detrás, para que el molinero pudiera admirar el culo marcado y rojo de su esposa.

Tensi y Lía seguían recibiendo la visita quincenal del joven doctor, que, no sabían muy bien porqué, siempre se las arreglaba para castigar a una de ellas… Mientras la otra le satisfacía con la boca, la otra le practicaba el beso negro que tanto le gustaba a Martin, pero que, en aras de mantener el decoro, sólo personas de su profesión podían realizar. El cepillo del pelo siempre estaba presente como una permanente amenaza para el trasero de las dos hermanas si alguna se mostraba reticente o perezosa en su atención a tan distinguido cliente. Aunque no les gustaba mucho ambas hermanas fueron sodomizadas en diversas ocasiones de allí en adelante, aunque la faceta del sexo anal la tenía bien cubierta con el resto de las mujeres de su vida…

De toda la comarca venían pacientes a ver al joven doctor, quien se había labrado una muy buena fama a base de sus novedosos tratamientos (especialmente los supositorios) y era de sobra conocida su afición por la disciplina, no era raro ver salir de su consulta gente, especialmente mujeres frotándose el trasero y con una mueca de satisfacción en la boca.

Pasados tres meses Juana anunció que estaba encinta…eso llenó de orgullo y satisfacción al joven doctor, que por fin tendría descendencia. Juana dejó de ser castigada por su esposo (cosa que sorprendentemente ella echó de menos durante todo el embarazo) y tampoco tuvo sexo con ella…

Coincidiendo con el embarazo Don Anselmo cayó enfermo y Martín como miembro de su familia y persona de renombre en el pueblo, comenzó a sustituirlo en su faceta de alcalde…y de “protector” de Amalia… la joven viuda quien dejó de tener que acudir a la consulta, ya que recibía la visita del nuevo alcalde en funciones en su tienda-bar varias veces por semana y éste, además de imponerle la disciplina necesaria, la montaba y sodomizaba con asiduidad.

Don Anselmo asimismo le hizo llamar un día y allí, en su alcoba, le pidió un favor personal

¡Lo que sea Don Anselmo! Dijo Martin

Una vez a la semana quiero que vengas hasta aquí y azotes a mi esposa, tu suegra, aquí en mi alcoba, delante de mí, para que no pierda las buenas costumbres y sepa que, aunque enfermo, sigo siendo yo.

A Martín le encantó la idea y aceptó sin rechistar.

Al instante Don Anselmo tocó la campanilla y Doña Magdalena apareció rauda y veloz.

Que pasa esposo mía

Magdalena, de hoy en adelante Martín te corregirá en mi presencia como si fuera yo mismo.

¿comooo? Exclamo la vieja esposa sorprendida

No es la primera vez que el te azota y además es mi sucesor en la alcaldía, así que ya que yo no puedo aplicarte los correctivos que mereces, el lo hará en mi nombre. ¡Trae la correa!

Doña Magdalena intento protestar ¡yo no…!

¡trae la correa he dicho!

La pobre mujer no fue capaz de rebatir mas y con sumo pesar fue a la cómoda, abrió el cajón y sacó la correa de su esposo. Se la entregó a Martin y se dobló sobre la cama, levantando su falda y enagua, dejando a la vista de su esposo y su yerno sus carnosas nalgas.

¡Que sean doce correazos Martin! Así aprenderá a obedecer a la primera

ZAS, el primero fue muy suave…

Si los vas a dar así mejor lo dejamos, inquirió el viejo y enfermo alcalde

ZAS, el segundo hizo bailar las nalgas de Doña Magdalena que sofocó un grito

Eso esta mejor dijo el alcalde

ZAS

ZAS

ZAS

Así uno tras otro la pobre mujer llego hasta los doce, momento en que Martin se detuvo

¿Qué haces? Preguntó enfurecido Don Anselmo

Ha dicho doce

¡el primero no cuenta, falta uno!

ZAS, atinó a dar Martin sobre el sufrido trasero de su suegra…

Muy bien, así será cada semana, ahora déjanos, Martin

Mientras salía de la habitación Martin miró hacia un espejo que había frente a la cama y observó como el viejo alcalde se sacaba la verga y Doña Magdalena sin incorporarse de la cama acercaba la boca a la misma…viejo pícaro, pensó para sus adentros…

Y así, tras múltiples situaciones vividas y con ese panorama que ahora se presentaba, así iba a ser la vida de nuestro querido Martín quien iba pensando para sus adentros ¡realmente este pueblo y sus gentes eran mi plaza soñada!

FIN


Licencia de Creative Commons

Mi Plaza Soñada XII es un relato escrito por Tutor publicado el 09-05-2024 16:36:08 y bajo licencia de Creative Commons.

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