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Femdonia.La novia de Pedro(III)
Escrito por Slipper

Mientras Pedro y Lola tenían una interesante “conversación” en la habitación de ella en la parte superior de la casa, en la parte de abajo ocurrían otras cosas.

Pepi estaba nerviosa, tenía incluso cierta ansiedad y le apetecía hablar con su amiga Carmen a la que hacía tiempo que no veía, pero le apetecía hacerlo a solas sin testigos, así que para quitarse a Ramón de encima le dijo.

-¿Por qué no te tomas un café por ahí mientras hablo con mi amiga Carmen? Que tenemos muchas cosas que contarnos ¿verdad?

Ramón no tardó ni un segundo en obedecer a su Ama, y disculpándose ante Carmen abandonó la casa, no sin antes preguntarle a su Señora cuando quería que volviera.

-Yo te llamaré.

-Muy bien, ya me voy, hasta ahora.

Cuando salió de la casa se quedaron ambas amigas sentadas en el sofá y Carmen le dijo a Pepi.

-Hija que bien enseñado lo tienes, es un encanto.

-Bueno, tiene alguna cosa, pero sí, la verdad es que no tengo queja. De eso quería hablar contigo… ¿pero no le puedes decir a estos niños tan guapos que nos dejen solas?

-Claro que sí, niños ya habéis oído a Pepi, venga iros a vuestro cuarto.

-Jo mamá, estamos viendo la tele.

Carmen miró al menor de sus hijos, e hizo un leve gesto de sacarse la zapatilla… ambos niños se levantaron como alma que lleva el diablo, el chico que había contestado a su madre la miró de reojo mientras se iba con su hermano hacia el cuarto que ambos compartían, y su madre le dijo.

-Ya hablaremos tú y yo.

-Lo siento mamá.

-Circulando!!

Un incómodo silencio acompañó a los chicos mientras que salían del salón.

-Tú también los tienes bien enseñados. Dijo Pepi sonriendo a su amiga.

-Bueno ya me conoces, aunque mi Raúl, el pequeño, es muy rebelde y es raro el día que no cobra, luego le leeré la cartilla, pero ahora dime qué te preocupa, te veo nerviosa, tensa, que es eso tan importante que me quieres contar.

-Pues hija, la verdad es que no sé muy bien lo que me pasa últimamente, pero me siento mal, como culpable, una sensación extraña que nuca me había pasado.

-¿Culpable?

-No sé si culpable o lo que es Carmen… pero a veces siento que soy muy dura y muy injusta con mi hijo, con Ramón, con todo el mundo.

-Pero… ¿cómo que muy dura?

-Pues muy dura, por ejemplo ayer le di una paliza a mi hijo por una tontería, y a lo mejor me estoy metiendo donde no debo en el tema de tu hija, no sé.

-Es tu hijo, y tú quieres lo mejor para él Pepi, sólo te estás preocupando por él, y te agradezco que pienses que mi hija es buena para él, a mí también me gusta esta relación, ya te lo dije ayer.

-Y no sólo con mi hijo, mira el otro día le di a Ramón un palizón… que yo creo que mudó la piel, mira lo que te digo.

-¿Qué te hizo?

-Nada, si fue una tontería, estábamos en las rebajas en una tienda, y yo lo vi un momento hablando con antigua amiga de no sé qué, y me dio un ataque de celos que me puse histérica.

-Y qué le hiciste?

-Buf, pues allí en medio de la tienda le di dos o tres guantazos que no sé cómo no le rompí la cara, y luego en el coche otros cuántos , y como no se me pasaba el cabreo, cuando llegué a mi casa le di un palizón con la goma de butano que casi lo mato.

-Anda mujer no exageres.

-¿Qué no exagere?, después, en el trabajo no se pudo sentar en toda la tarde, y le dio fiebre y todo.

-Con la goma de butano, madre mía Pepi como eres jaja… Y él ¿cómo se comportó?

-Con la goma de butano, y a culo “pelao”, y no me replicó, jamás lo ha hecho.

-¿Ves? Eso es porque lo tienes bien enseñado jaja.

-No sé Carmen, a veces me siento mal, ya sé que no debería, pero es una sensación rara.

-Mira nena, lo estás haciendo muy bien, de uno eres su madre, y del otro eres su Ama, y si les tienes que pegar, les pegas, y según me estás diciendo lo haces por su bien, y si algún día se te va la mano, no pasa nada, la disciplina enseña, eso lo deberías de saber ya.

-Ya lo sé Carmen, y me dejas más tranquila, pero es que se me pones aquí en el pecho un peso, que a veces me ahoga.

-Mira, no sé si será lo mismo, pero a mí me pasó una cosa parecida hace dos o tres años, y una amiga que es psicóloga, me dijo que eso pasa por la presión de llevar tú todo el peso de tu casa, de tu familia, y de que caiga toda la responsabilidad sobre, ti, entonces lo que te hace falta es descargar toda esa presión que llevas sobre tus hombros, y lo mejor para expiar todo ese sentimiento de culpa que a veces nos ataca, es que te alguien te dé una buena zurra.

Pepi dio un respingo, y se puso tiesa en el sofá abriendo sus redondos ojos verdes, y le dijo a su amiga.

-¿Pero qué me estás diciendo Carmen?

-Lo que acabas de oír, así que ya lo sabes, si te decides, no tienes más que pedírmelo, con ésta te dejo nueva en cinco minutos.

Y con las mismas Carmen dio una patadita a su pierna derecha, y salió su zapatilla hacia delante quedándose en el suelo entre ambas amigas, amenazante.



En ese mismo instante se empezó a oír el inconfundible sonido de azotes proveniente de la habitación de arriba, y que el lector avezado sabe perfectamente su procedencia.

-Arriba parece que ha empezado el baile.

-Eso parece.

Pepi miró nerviosa a su amiga, y le preguntó.

-Y a ti te fue bien con lo que te dijo la psicóloga?

-Mano de santo, ella misma me dio un buen repaso y me quedé más suave que un guante, y se me quitaron todas las dudas, y toda la presión de golpe.

-Pues vamos…¿Dónde me vas a zumbar?

-Vente a mi despacho, allí no nos van a molestar, tranquila.

-Pues vamos.

Pepi parecía decidida, pero por dentro estaba nerviosa, lo que no se esperaba eran las mariposas que le devoraban el estómago, ella era spanker y dominante, no podía creer que se estuviera poniendo así, había sido castigada muy pocas veces, y siendo una niña, y siempre por su madre, y nunca le gustó, pero esto era distinto, sentía cierta atracción por aquella mujer, además de una amistad inquebrantable, pero esto era algo distinto, algo que la turbaba.

-Estate tranquila Pepi, esto quedará entre nosotras, nadie te va a quitar tu autoridad, al revés volverás con más fuerza, cuando me pasó a mí, después de la tunda que me dio mi amiga la psicóloga, salí que no había quien me tosiera, la zapatilla la llevaba más tiempo en la mano que en el pie, con eso te lo digo todo.

Cuando entraron al despacho de Carmen, ésta cerró con llave, más por tranquilizar a su amiga, que por peligro real de que entrara nadie, sus hijos sabían de sobra que allí no podían entrar sin llamar y jamás lo hicieron, por la cuenta que les traía.

Carmen se sentó en un sofá muy elegante que había al fondo, se descalzó su zapatilla una vez sentada de una ligera patadita, la agarró y le dijo a su amiga.

-Venga, cuanto antes empecemos antes acabamos, y bájate los pantalones.

La zurra fue sobre las bragas, metódica, intensa, la zapatilla le picaba a Pepi de lo lindo, no paraba de moverse, de gemir, le dolía una barbaridad, ya no recordaba lo que picaba y dolía aquello, ahora sabía lo que sentía su hijo, y Ramón cuando ella los castigaba, continuaba moviendo el culo intentando escapar de aquel infierno, pero aún quedaba más.

-Quiero que llores Pepi, quiero que llores por el dolor que te produce la azotaina.

-Auuuu, no sé lo que me pasa, es que no me sale, y eso que me duele como mil demonios.

-Entonces los zapatillazos arreciaron, y Carmen que era una auténtica experta en repartir estopa, empezó a decir.

-¿No te salen las lágrimas? `Pues yo te ayudaré PLASSSSSSSSSSSSSS toma PLASSSSSSSSSSSSSSSSS toma PLASSSSSSSSSSSSSSSSSS toma PLASSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS toma PLASSSSSSSSSSSSSSSSS toma PLASSSSSSSSSSSSSSSSSSSS toma

Sin saber muy bien el motivo exacto, las lágrimas empezaron a brotar de los ojos de Pepi, lógicamente el dolor era tremendo, pero quizá el detonante de aquella llorera fueron las palabras de Carmen.

Tras la zurra dejó caer la zapatilla al suelo, pero siguió con su amiga sobre su regazo, y ahora en vez de azotarla, lo que hacía era acariciarle sus doloridas nalgas con mucho mimo, el llanto leve del principio, se convirtió casi en un grifo abierto.

Pepi sin saber muy bien se sintió en el séptimo cielo, había dejado a un lado sus responsabilidades, se había entregado a su amiga para que cuidara de ella, todo ello la hacía sentirse relajada, se le había ido eso que le oprimía el pecho, ahora lo que notaba era su culo hirviendo, pero no sólo tenía el culo caliente, tenía también alguna otra cosa, caliente y mojada.

¿Cómo podía estar excitada?, a ella no le gustaban las mujeres, buf y encima con su amiga del alma, no podía estar pasándole eso a ella.

-Levanta anda, ¿quieres que te ponga crema?

-No, no hace falta gracias.

-¿Qué tal?._Le preguntó Carmen a su amiga sin soltarla de la mano.

-Bien bien, estoy bien

-Ven siéntate aquí encima de mí.

-Carmen yo…

-Tú tranquila, no quiero que sientas vergüenza por nada, y ya sé que no te gustan las mujeres, yo también prefiero a los hombres, pero he visto como llevas las bragas, y eso no engaña.

Entonces Pepi se sentó sobre su amiga, ésta la acomodó sobre su regazo, y le secó la cara de lágrimas con sus dedos, pero no se conformó con eso, una lágrima que le quedaba por la mejilla se la limpió con la lengua, y tras mirarla fijamente con sus penetrantes ojos negros, la besó dulcemente en la boca, era la primera vez que Pepi se besaba con una mujer, y aunque minutos antes no lo hubiera creído, le estaba gustando, correspondíó a su amiga en el beso y ambas lenguas se enlazaron produciéndose un placer infinito.

De pronto, Lola metió la mano bajo las bragas de su amiga de la infancia y con sus dedos índice y corazón empezó a hurgar en el coño de su íntima, ahora más íntima que nunca, Pepi se estiró de puro placer sentada como estaba sobre el regazo de Lola, se le pusieron los pechos como piedras, y antes de que pudiera darse cuenta le sobrevino un corridón brutal pringando la mano que tanto la estaba haciendo disfrutar.

Cinco minutos después ambas amigas volvían a tomar otro café en el salón, mientras Lola le decía.

-Nunca te sientas mal por esto, cuando lo vuelvas a necesitar me lo pides, y estaré encantada de volver a ayudarte.

-Pues lo mismo te digo, no vuelvas a ir a esa psicóloga, si necesitas alguna vez una tunda, aquí me tienes.

-Esa es mi Pepi jajaja.

Ambas amigas rieron a la vez que Pedro bajaba las escaleras con cierta precaución, las dos sabían lo que había pasado arriba, y fue su madre la que le dijo.

-¿Qué? Todo bien, ¿no?

-Sí mamá, muy bien.

-Pues no sabes lo que me alegro, pues anda vámonos, voy a llamar a Ramón, y nos vamos a la casa que allí tenemos mucho que hacer.

El resto de aquel sábado transcurrió entre trabajos de mantenimiento y de limpieza por parte de los chicos, mientras que Pepi reflexionaba sobre lo que acababa de pasar.

Sin embargo en casa de Carmen la cosa no estuvo tan tranquila, ésta recibió una llamada del trabajo y tuvo que salir urgente.

-Lola me tengo que ir, sobre las seis de la tarde estaré de vuelta, para comer tenéis la lentejas de ayer, no me da tiempo a hacer la tortilla que les había prometido a tus hermanos.

-Vale mamá, vete tranquila, y por favor estate a esa hora aquí, que he quedado esta tarde con Pedro.

-Sí si, no te preocupes, como muy tarde, a las 6 estoy aquí.

La mañana transcurrió con calma hasta que llegó la hora de comer.

-Chicos, lavaros las manos y poner la mesa que vamos a comer.

Raúl el menor de los dos chicos puso cara de asco y de rabia a la vez, al ver las lentejas que su hermana estaba sirviendo en la mesa.

-¿Lentejas?, yo no quiero lentejas, ¿y la tortilla?

-A la mamá no le ha dado tiempo a hacer ninguna tortilla, así que a comer lentejas!!!!

-Que no quiero lentejas!!!

Lola no toleraba una actitud así de sus hermanos, incluso menos que su madre, así qué dobló la pierna derecha hacia arriba, y se sacó su zapatilla chinela azul celeste con un adorno metálico dorado.

En esta ocasión no pronunció ni media palabra, sólo se mordió el labio inferior, como curiosamente hacía la que iba a ser su suegra, y le dio a su hermano una salva de zapatillazos que lo hicieron aullar, no fueron menos de 30, fuertes, rotundos, secos, le dieron la vuelta a casi toda la mesa, la hermana mayor zapatilla en mano y el hermano menor intentando huir de ésta.

Cuando acabó con esta dura andanada, Lola señaló con la punta de la zapatilla que llevaba en la mano la silla donde se solía sentar su hermano y donde ya estaba el plato de lentejas colocado y fue tan lacónica como severa.

-Siéntate!!!!

El chico boqueaba porque le faltaba el aire, no esperaba esa durísima reacción de su hermana por mucho que estuviera acostumbrado a su zapatilla, pero le daba tanta rabia no comer la ansiada tortilla de su madre que en un gesto de rebeldía y llorando y chillando a la vez dijo

-NOOOOO, quiero tortillaaaaaa!!!!!

Su hermana inspiró fuerte, sacó arrastrando con gran estruendo la silla de madera donde ella se sentaba, se sentó en ella, y agarró a su hermano como un fardo, le bajó pantalones y calzoncillos de un tirón, y se lo puso en su regazo, todo esto sin decir una palabra y con la zapatilla aún en la mano, cuando lo tuvo sobre su regazo empezó a desgranar zapatillazos sobre el desnudo culo del pobre chaval, que botaba sobre los muslos de su hermana, era un milagro que no se cayera al suelo, los chasquidos de la suela de goma sobre muslos y glúteos inundaban toda la casa, Lola seguía mordiéndose el labio inferior y haciendo su trabajo de una forma metódica y colérica a la vez, uno y otro y otro y otro y otro y otro y otro y otro y otro y otro y otro y otro y otro y otro… Raúl quería escapar de aquel infierno, y lo intentaba, pero su hermana era una maestra en aquel arte y lo tenía bien agarrado, primero con el brazo izquierdo, y cuando se iba a escabullir le echó la pierna derecha sobre sus muslos aprisionándolo como si estuviera en un cepo.

En aquella posición Lola se vio fuerte, por fin lo tenía inmovilizado como ella quería, miró las marcas que le había hecho en muslos y culo, y entonces saboreó su triunfo.

-PLASSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS ¿Vas a comer lentejas?

El zapatillazo tremendo hizo aullar al benjamín de la familia.

-Auuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu, si Lola por favor perdóname BUAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA

-PLASSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS ¿Me vas a volver a gritar?

-Auuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu, noooooooooooooooooooooooo buaaaaaaaaaaaaaaaa , lo siento, no me pegues más por fa buaaaaaaaaaaaaa

-PLASSSSSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSSSSS

El otro hermano llamado Sebastíán, un año mayor que Raúl, se levantó de su sitio donde ya había empezado a comerse las lentejas, era mucho más obediente y sumiso que su hermano, jamás había contestado a su madre y a su hermana, aunque también se había llevado sus buenas zurras por supuesto, en esta ocasión se levantó para ver si su hermana paraba el castigo, incluso a él le parecía muy duro, y como no se atrevía a decírselo a su querida hermana, se levantó de la mesa para hacérselo ver de alguna manera… y surtió efecto.

Lola paró la tunda, su hermano cayó al suelo y ella dejó caer su zapatilla para calzársela.

No tuvo que decirle nada, el chico se puso de pie, se subió calzoncillos y pantalones y se sentó a la mesa empezando a comer las lentejas inmediatamente.

Su hermana lo miró, se fue al cuarto de baño a lavarse las manos y refrescarse un poco, volvió a la cocina y entonces se sentó en su sitio a la cabecera de la mesa, empezó a comer en silencio. Cuando acabaron les dijo a sus dos hermanos.

-Ahora quitáis la mesa, fregáis y barréis la cocina, y no quiero oír una mosca.

Los chicos asintieron y se dispusieron a hacer sus tareas, cuando las acabaron.

-Ya hemos terminado Lola, nos podemos ir a nuestra habitación a jugar?.- dijo Sebastián a su hermana.

-Sí podéis iros, y tú Raúl no creas que no le voy a decir a mamá lo que ha pasado.

-Lo siento mucho Lola, por favor no le digas nada a la mamá, fue un ataque de rabia, pero no lo voy a volver a hacer.

-A vuestro cuarto.

Los dos hermanos se fueron a su habitación, el mayor de ellos tranquilo, pero el menor iba dolorido y preocupado por lo que pudiera pasar.

Carmen llegó a la hora que prometió a su hija, ésta ya estaba arreglada y maquillada para salir, había quedado con Pedro y pese a saber que ya lo tenía en el bote, quería ir guapa, y justo cuando se disponía a salir, ya con la mano en la puerta, le dijo a su madre.

-Ah mamá, se me olvidaba, quiero decirte que los hermanos, uno se ha portado muy bien y el otro…( el pobre Raúl se veía con otra paliza encima, y además de su madre, no sabía si iba a poder aguantar otra) y el otro todavía mejor.

Raúl salió corriendo y se abrazó a su hermana comiéndosela a besos, diciéndole que era la mejor, y que la quería muchísimo.

Lola salió sintiéndose una diosa.

Continuará...


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Femdonia.La novia de Pedro(III) es un relato escrito por Slipper publicado el 01-05-2024 12:07:57 y bajo licencia de Creative Commons.

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