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Cornudo sumiso
Escrito por Slave

Poco a poco mi vida ha cambiado. Empecé como una persona normal al que le gustaban las mujeres, ligar con ellas y acostarme con ellas en cuanto podía. A los 20 años encontré a Yolanda, con quien estuve de novio 5 años y luego nos casamos. Nuestra relación era normal, pero yo cada vez quería cosas nuevas en materia sexual. Películas porno, sexo en lugares comprometidos, fantasías, etc. Pero lo que de verdad me ponía, era que ella provocara a otros hombres, que me contara sus experiencias con sus anteriores novios.

Llegó un momento en que no pensaba en otra cosa que en ella follando con sus anteriores novios. Cada vez que follabamos, le decía que era otro, que quería verla a toda costa follando con otro, que me lo había contado tantas veces y había disfrutado tanto, que quería verla follando y disfrutando con otra polla. Fui tan insistente, que también para ella se convirtió en un deseo muy fuerte. En un momento dado, decidió dar un paso en nuestra relación y tomar el mando.
Me dijo que no podíamos seguir así, que o bien aceptaba que ella dirigiera nuestra vida sexual o bien tendríamos que dejar las fantasías para siempre. Yo por supuesto, no lo dudé y acepté su propuesta y le dije que haría lo que ella quisiera cuando, como y donde ella quisiera, que estaría siempre a sus órdenes. ¡En qué hora me puse en sus manos! Decidió dar un vuelco a nuestra vida sexual y dar un paso adelante, cambiando fantasías por crudas realidades.
Lo primero que me dijo, es que yo aceptaba porque quería, pero que nunca podría desobedecerla y a partir de ese momento sería su esclavo. Para empezar, no vas a volver a utilizar calzoncillos, iras siempre con braguitas tanga, para que no olvides que eres mi esclavo. Nunca más volverás a masturbarte sin mi permiso, y solo podrás follarme cuando yo te lo ordene. Yo follaré con quien me dé la gana y cuando me dé la gana. Todas estas advertencias, me pusieron como una moto y al ir a abrazarla para follarmela, me paró en seco y me recordó que tendría que esperar a que a ella le apeteciese dejarme follar. Pasaron unos días en los que me hacía desfilar por la casa en tanguita, me dejaba que me masturbara un poco, pero cuando más caliente me veía, me hacía parar y me dejaba súper caliente. Tras varios días de sumisión, llegó la primera gran sorpresa.

"Jose, esta noche va a venir Alvaro a cenar, el hombre que me desvirgó y con el que más he disfrutado en la cama. Quiero que nos sirvas tú la cena y nos atiendas en todo momento, estarás con el tanga puesto y un delantal, quiero que vea como te domino y que disfrute como nunca en su vida. Por fin vas a disfrutar viendo como me follan de verdad, vas a ver como se follan a tu mujer en tus narices, como el hombre que desvirgó a tu mujer, puede seguir haciendo conmigo lo que quiera." El anuncio hizo que casi me corriera de solo pensarlo, pero no me dejó que me tocara la polla, pues quería que estuviera más cachondo que nunca cuando les viera, de ahí que estuviera toda la semana calentándome sin dejarme correrme. La verdad es que estaba acojonado, pues una cosa es fantasear y otra estar en tu casa esperando en tanga a que venga un tío a follarse a tu mujer. Cuanto más se acercaba el momento, más lo pensaba y cuanto más lo pensaba más caliente estaba.

Por fin llegó el momento y sonó el timbre. Yolanda me hizo abrir a mí y me presentó ante Alvaro como su esclavo sumiso. Se dieron un morreo y fue el primer momento de mi vida en que vi a mi mujer besarse con otro hombre. Solo era un beso, pero ya estaba viendo a otro hombre con mi mujer. Pasamos al salón y se sentaron. Mi mujer me dio las órdenes oportunas: " sírvenos y estate aquí a nuestro lado de pie para por si necesitamos algo.
“No paraban de reírse y de decirse lo bien que lo iban a pasar recordando viejos tiempos. Estuvieron toda la cena manoseándose y besándose. Tuve que ver durante casi media hora, como Alvaro metía mano a Yolanda en mis narices, mientras yo miraba vestido con un tanga y un delantal. La humillación era enorme, pero a pesar de ello, seguía sintiendo placer. Cuanto más me humillaba, más placer sentía. Cuando terminaron de cenar, se sentaron en el sillón del salón y empezaron a sobarse y besarse. En ese momento, Alvaro se dirigió a mí:" Como me gusta esta cachorra.

La voy a follar como nunca la has follado y va a disfrutar como nunca lo ha hecho contigo." Yolanda, tomó el mando y me dijo:" Bueno maridito, aquí empieza tu verdadera sumisión. Vas a ver cómo me follan, como Alvaro puede hacer cosas conmigo que tú jamás podrás, empezando porque fue él el que me desvirgó, honor que siempre le pertenecerá. Ahora, para empezar, vas a desnudarme para entregarme al hombre que te va a hacer por primera vez cornudito.
Quiero que seas tú quien me entregue a él." La desnudé entera, una vez desnuda, la acerqué a Alvaro y le dije" aquí tienes a mi mujer, fóllatela, haz con ella lo que quieras, es toda tuya." En ese momento, llegó un momento muy delicado, pues Yolanda me dijo:" Quiero que respetes al hombre que ha desvirgado a tu mujer y que te va a hacer cornudo. Desnúdale y prepárale para mí." "Que quieres decir, no..." No me dejó terminar y me amenazó con que me tendría que ir y no podría ver como follan. “No se te ocurra desobedecer mis órdenes" Seguí adelante y desnudé a Alvaro.

Una vez los dos desnudos, Yolanda me ordenó:" ahora, quiero que beses su polla en señal de respeto y agradecimiento, métetela toda en la boca con mucha delicadeza y déjamela lubricada. Quiero que la admires, pues es la polla que te hará cornudo." Sin rechistar, me agaché y cumplí sus órdenes. Nunca en mi vida pensé que viviría una situación tan humillante, chupando la polla del tío que me haría cornudo. Cuando decidieron que era suficiente, se tumbaron y empezaron a follar como locos. Pedí permiso a Yolanda para pajearme, pero me lo negó y tuve que seguir mirando sin consuelo.

Mientras seguían follando, Yolanda me dijo que la besara y entonces me dijo:" No sabes lo feliz que me haces. Me encanta que seas mi cornudo sumiso. Estoy disfrutando como nunca en la vida imaginé que podría hacerlo. Te aseguro que te voy a humillar como nunca te has podido imaginar y te voy a hacer el hombre más cornudo del mundo, que sé que es lo que más te gusta." En ese momento, Alvaro se corrió y Yolanda tuvo un orgasmo como yo nunca había visto. Sacó su polla del coño de mi mujer y volví a recibir órdenes:" quiero que limpies mi coño con tu lengua, que te bebas hasta la última gota del esperma que Alvaro ha metido en mi coño. No dudé en obedecer y tuve que comerme toda la corrida de Alvaro del coño de mi mujer.

Cada situación que vivía, me parecía la mayor humillación que un hombre puede padecer, pero seguro que vendrían más humillaciones. Cuando terminé de chuparle el coño, me dijo:" ¿Y qué pasa con la polla de Alvaro, la polla que ha desvirgado a tu mujer, la polla que te ha hecho cornudo? Límpiasela y déjala limpita.
Como siempre, cumplí sus órdenes y le chupé la polla a Alvaro hasta dejársela reluciente. Nos quedamos los tres dormidos y al cabo de tres horas, me desperté viendo como Yolanda le estaba comiendo la polla a Alvaro. Enseguida, Este se corrió en la boca de mi mujer. Me sorprendió porque a mí jamás me ha dejado correrme en su boca. Su explicación fue:" Maridito, nunca te he dejado correrte en mi boca ni nunca te dejaré. Hay cosas que tú nunca podrás hacer, y si quieres verlas, tendrás que ver como otros lo hacen. Si quieres ver esperma en mi boca, tendrás que ver como otros hombres se corren en mi boca, pues tu jamás, repito, jamás te correrás en mi boca." Volví a sentirme terriblemente humillado mientras Alvaro me miraba con la sonrisa de oreja a oreja.
Así fue transcurriendo el tiempo, con Alvaro y con otros hombres con los que mi mujer me hacía cada vez más cornudo. De vez en cuando, me dejaba follarla o masturbarme. Ella seguía disfrutando cada vez que me humillaba y yo seguía disfrutando con sus humillaciones. Hicimos de ello nuestra forma de vida, era mi ama y yo su puto esclavo cornudo-sumiso. Al cabo de unos años, Se le ocurrió algo más humillante todavía, que yo ni me podía imaginar. Me dijo:" cariño, cada día que te humillo, disfruto más, y tu cuanto más cornudo eres, más realizado te sientes.

Quiero humillarte más todavía, y que disfrutes más si cabe con tus cuernos. Quiero que seas el marido más humillado y cornudo del mundo y estoy decidida a conseguirlo. Vas a estar una temporadita sin follar, y yo voy a follar más que nunca. A partir de hoy, voy a dejar de tomar anticonceptivos, quiero quedarme embarazada y tener un hijo, pero quiero asegurarme que no sea tuyo, que sientas la mayor humillación del mundo y que te sientas el mayor cornudo del mundo. Así que hasta que no esté embarazada no volverás a follarme."

Pasaron dos meses y Yolanda me dio la noticia, estaba embarazada, no sabía de quien, pero lo que si sabía es que yo no era el padre, que otro hombre había dejado embarazada a mi mujer. Efectivamente, me sentí absolutamente humillado y cornudo, pero eso es lo que yo había elegido y ya después de tantos años no podía volver atrás. Eran cientos los hombres que se habían follado a mi mujer, que habían comido su coño, habían metido la polla en la boca de mi mujer y cientos a los que mi mujer me obligó a chupar la polla y limpiar su esperma de su coño, que es lo más le gustaba. Para colmo, tendríamos un hijo que no era mío, pero era para que siempre tuviera presente que soy el más grande y puto cornudo sumiso del mundo.


Licencia de Creative Commons

Cornudo sumiso es un relato escrito por Slave publicado el 08-01-2022 21:50:28 y bajo licencia de Creative Commons.

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Comentarios  
UNLIMITED
0 #1 UNLIMITED 25-01-2022 23:02
MUY BUENO SLAVE
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